La relación entre la percepción estética y el bienestar psicológico ha cobrado relevancia en los últimos años, dando lugar a un campo emergente: 

La neuroestética, también llamada psicoestetica en su dimensión psicológica 

Este ámbito estudia cómo el cerebro procesa la belleza y el impacto que las experiencias estéticas tienen sobre la cognición, las emociones y la salud.

Comprender estos mecanismos no solo resulta fascinante desde el punto de vista científico, sino que abre nuevas posibilidades terapéuticas en medicina, psicología y rehabilitación, mismas de las que habla el doctor Alan Roys, especialista en medicina general, medicina estética anti-envejecimiento y medicina regenerativa, en este artículo. 

Dr. Alan Roys

Un fenómeno NO trivial

Las experiencias estéticas generan cambios neurofisiológicos medibles, como la reducción de los niveles de cortisol y el aumento de la conectividad cerebral en regiones asociadas con la empatía, la memoria y la autorreflexiónen las que además los pacientes me refieren el cambio positivo en ellos y en las relaciones interpersonales.

La estética como herramienta terapéutica

Más allá del placer visual, la estética tiene una dimensión psicológica. La psicoestética estudia cómo la percepción de armonía, proporción y belleza puede influir en la autoestima, la motivación y el bienestar subjetivo. Por ejemplo, en pacientes sometidos a procedimientos de cirugía reconstructiva, la percepción estética de sí mismos está directamente relacionada con la recuperación emocional y la reintegración social.

De manera similar los tratamientos estéticos poco invasivos como la toxina botulinica, armonización con ácido hialurónico, utilización de hilos tensores o terapias regenerativas como los estimuladores de colágeno, exosomas o pdrn se han asociado a mejor control de la ansiedad y depresión e incluso mayor adherencia a los tratamientos siempre buscando mejorar la calidad de vida de los pacientes. 


La neuroestética y la psicoestética abren un campo interdisciplinar en el que convergen medicina, neurociencia, psicología y arte, estas pueden incluir:


Medicina estética y reconstructiva: enfoque integral que prioriza no solo la apariencia física, sino el impacto en la identidad y el bienestar psicológico.

Rehabilitación neurológica: uso de estímulos estéticos para potenciar la plasticidad cerebral.

Diseño de espacios de salud: creación de ambientes terapéuticos que favorecen la recuperación, por medios de consultas personalizadas a cada paciente buscando un bien común. 

La neuroestética y la psicoestética nos recuerdan que la belleza no es un mero lujo, sino una necesidad profundamente enraizada en nuestro cerebro y en nuestra experiencia vital. 

Gracias a la medicina estética podemos lograr cambios favorables, no simplemente visibles si no también psicológicos porque ¡verse bien, es sentirse bien!

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